One Shot: Librarian – la última historia vivida del universo.

December 14, 2018

El infinito, la oscuridad y el vacío. Aquí en la tenue luz de la última estrella moribunda, mi última compañera en el basto silencio de la oscuridad infinita. Habito en los fragmentos de mundos destruidos atraídos por la gravedad de mi anciana amiga. Para un ser inmortal, lo único que queda es la soledad de un universo en silencio, y atestiguar como la última llama de vida se extingue lentamente. Los mortales me han llamado de muchas formas, eterno, viajero, salvador, cuenta cuentos, historiador… lo que queda…el olvidado.

 

Ya no queda nada, todo lo que existió alguna vez fue devorado por el tiempo, la entropía afloro la desesperación de las especies que se dedicaron a matarse por las sobras de alimento, disminuyendo más rápido las vidas en este condenado universo, para las que sobrevivieron el tiempo no fue piadoso, incluso los seres más pequeños sucumbieron ante la extinción, lo único que quedo al final fueron rocas estelares. Ahora yo soy lo único que queda en este lugar abandonado.

 

Cuando murió el ultimo ser pensante intente quitarme la vida arrojándome al corazón de un sol, sentí como mi cuerpo se calcinaba durante una eternidad, pero incluso aquella estrella murió, dejando mi cuerpo inerte, deforme y abandonado en la nada. Al abrir mis ojos desperté en este lugar, un trozo tierra perdida de una realidad olvidada. Recorrí los parajes de mi nuevo hogar, era solo tierra y desperdicio espacial, pero en un cráter encontré lo último que me mantiene cuerdo hasta el día que todo termine.

 

Una máquina brillaba en el fondo oscuro en los interiores de esta roca flotante, de aspecto tan singular como su función. Un arca arrojada al vacío con el fin de guardar cada segundo de más de billones de mundos, billones de vidas, un numero casi impronunciable de historias perdidas en el basto paraje de la nada.

 

Esta es mi vida ahora, el último ser pensante de esta realidad, dedicado a contemplar las viejas glorias de un universo muerto...

 

El vacío y la oscuridad. A mis pies se encuentra el fin de todo y el principio de nada. El observar la vida crecer y morir, ver como el tiempo corre sin detenerse es agotador, el universo nunca estuvo en silencio, incluso ahora en el fin de todo, las llamas de la última estrella se escuchan vivas.

 

Soy el último espectador del universo, tengo el infinito espacio para observar. Infinidad y eternidad, yo soy eterno y el universo infinito, quizás la muerte planeo unirme a este lugar para contemplar las maravillas creadas y los horrores de la destrucción. Ninguna especie se salvó de la ambigüedad moral, todas las estrellas destruyeron el planeta que alguna vez dieron vida.

 

Esta pequeña pausa con mis pensamientos me permiten digerir todo lo visto hasta ahora. Los delirios de un viejo resuenan en el vacío espacio, delibero de las decisiones tomadas por la evolución, sobre si el bien y el mal nunca existieron que solo el interés de partes egoístas fue el detonante del avance de sociedades complejas, que la vida siempre tendía al caos y la muerte al orden natural, que él ahora es la perfecta armonía y paz.

 

Mi cabeza se llena de ideas y reflexiones, mis palabras al aire son respondidas por mi propia persona, en una conversación de solo una parte. Con el tiempo parte de mi comenzó a hablar desde la razón y otra desde la emoción, cada una tenía un punto distinto de los acontecimientos vistos. Con el tiempo el debate se acalora, las dos partes de mi personalidad discuten, comienzan a dividirme, casi no se puede distinguir si las palabras dichas están en mi cabeza o fueron dichas a la nada, en cierto punto intento aferrarme a la realidad en la que existo, pero esta parece más la fantasía que las historias vistas en aquella máquina.

 

No sé cuánto tiempo paso antes de recobrar el control de mi frágil sanidad mental, el tiempo es eterio en este lugar, un segundo puede pasar en un año y un año en un segundo, lo que a mí respecta fue una eternidad de sufrimiento. Siempre tuve conflictos internos, entre ambas partes de mi ser, solía ser un buen mediador pero el tiempo y la soledad me desgastaron como las olas a una roca. Me levanto y camino al único lugar que me puede consolar, vuelvo a mi silla más cansado que cuando salí. Creo que es hora de volver a “lo que fue”… porque “lo que será” ya no existe.

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